Sentipensar con semillas de resistencia

Un esbozo en territorios de agua1

Elba Mercedes Palacios Córdoba

En un intento por comprender lo que nos sucede —en medio de la ficción de que «todo vale» y de la mentalidad de «sálvese quien pueda»—, este artículo busca explorar el significado y las posibilidades de la gobernanza entre los pueblos que han coexistido —y sobrevivido— en Afro-Abya Yala, en América del Sur; un continente (América -en- plural) definido por históricas luchas colectivas y los consiguientes conflictos en torno al territorio y la soberanía.

Tras la era de la subyugación oficial de personas de comunidades indígenas y afrodescendientes, las mayorías sociales han sido llamadas a abrazar la promesa de la libertad igualitaria. En este contexto de cimentación de la idealizada democracia liberal, en la que los medios de comunicación están controlados por el poder del «Estado profundo», nos encontramos al borde del colapso de comunidades ricas en biodiversidad. Ante la desinformación y el discurso de odio omnipresentes —su flujo incesante de desinformación y las injusticias resultantes—, nos damos cuenta de lo obvio: nos vemos arrastrados por la inercia del sistema, y la esfera política no se limita a las campañas electorales. 

Enfoco el caso de Colombia, más de dos siglos después de la proclamación de una ciudadanía definida según los principios del mercado -libre. Recordamos (entre comadres2), lo importante que, como antaño, son la avanzada juvenil y el movimiento de los feminismos en la región; históricamente, con su fuerza, han abonado a los senderos conducentes a las desobediencias, las reparaciones y las posibilidades de vida en los territorios en disputa.

Introducción y contexto

Tú no puedes comprar el viento, tu no puedes comprar el sol, no puedes comprar la lluvia (…) la operación cóndor invadiendo mi nido (…) Aquí estamos de pie. (Latinaoamérica. Calle 13).

América Latina y el Caribe —también conocida como la región Afro-Abya Yala— se caracterizan por una vasta y diversa mezcla de pueblos indígenas (y sus lenguas nativas); junto a las raíces europeas, la región se cría con poblaciones negras, afrodescendientes, raizales y palenqueras. Las culturas que definen esta zona han florecido en medio de una inmensa biodiversidad; es precisamente aquí —hogar de la Amazonia (los «pulmones del mundo»), así como de océanos, páramos de altura y ríos. Donde aún existe el 21 % del agua dulce superficial del planeta, habita también una extraordinaria y formidable variedad de flora y fauna (CEPAL, 2024) Sin embargo, persiste una paradoja: el sometimiento de territorios pertenecientes a comunidades históricamente rebeldes ha conducido, a su vez, a la criminalización de una población predominantemente joven, dividida por género, y racializada. 

Comprender las formas en que somos oprimidxs constituye la base de las *re-existencias* (actos de reexistencia). Los marcos institucionales públicos (gobiernos, partidos políticos) son solo un aspecto del entramado que perpetúa las desigualdades e injusticias que impulsan el movimiento hacia la reexistencia. En consecuencia, diversas comunidades examinan su historia para desmantelar las maniobras de los poderes establecidos que las oprimen; poderes que a menudo recurren a argumentos racionales enrevesados (Palacios Córdoba, 2023, p. 245).3

En medio de enormes desigualdades sistémicas y un modelo económico neoliberal, la extracción de recursos de la tierra continúa sin tregua. La extracción de petróleo y minerales —como el oro— contamina el agua y envenena a los organismos vivos; somos testigos de la crisis climática resultante, que está causando estragos en la región y precipitando el colapso planetario. Lidiamos con el peligro de la normalización del señalamiento de un “enemigo interno” (cualquiera que -parcamente- parezca contrario a las ideas divulgadas por el régimen, o quien tenga un cuerpo -en forma o coloración- que no se adecúe a la lógica dominante). Estamos ante el total desamparo, ante el albedrío del hombre de turno, blanco, representante del norte global, con poder militar. Así, sin la sujeción legal de organismos multilaterales de derechos humanos, podría, lanza en ristre, a su arbitrio, hacer bombardeos en tierra y en agua.

El cuerpo como territorio: en la lucha por el agua -sinónimo de vida.
Las omnipresentes bolsas de plástico inundan la ciudad; rejillas metálicas y bolsas —o retazos de plástico— ondean al viento y flotan en los canales. En Cali, la gente compra un solo aguacate en el supermercado y pide una bolsa de plástico para llevarlo. El plástico lo sofoca todo. El parque de los cholados —con su delicioso hielo raspado y su colorida mezcla de frutas— es también un vasto mercado de plástico y poliestireno.

Orden fundamentalista y política de la muerte: una razón congelada y desconectada del corazón

Actualmente, en casi todos los países que se dicen democráticos, en América del Sur, nosotros, quienes hacemos parte de los sectores populares (como las munac: mujeres negras afrodescendientes en Cali), resistimos la imposición de un modelo autoritario, con gobiernos en el poder vinculados con una política de muerte. Quienes se proclaman patriotas —pero actúan como agentes de fuerzas para las cuales las normas democráticas resultan incómodas—, bajo un modelo -patriarcal- que ignora las leyes republicanas, aun cuando las invocan, ellos pretenden imponer sus intereses de acumulación y codicia en sociedades caracterizadas por una fuerte colectivización y una arraigada tradición oral.4

Doscientos cincuenta años después de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos —en medio de sistemas de información modernos, monopolios mediáticos, además de los flujos de capital impulsados ​​por la injerencia extranjera en las Américas (en la pluralidad del continente y la región), la concentración de poder con manipulación de la conciencia pública (cercos mediáticos), la instrumentalización de las iglesias junto con el creciente uso del evangelismo como herramienta política, la alteración de algoritmos y la amenaza de manipulación con el surgimiento de la inteligencia artificial, se intenta borrar gradualmente los logros alcanzados y los avances ejecutados a lo largo de la historia de la lucha popular; los procesos imparables de descolonización están, no obstante, gestándose y emergiendo justo aquí.5

El intento de avanzada popular progresista—que logró elegir al presidente Gustavo Francisco Petro Urrego y a la vicepresidenta Francia Elena Márquez Mina, en Colombia, coincide en los tiempos cuando -luego de un estallido social- se optó también por un gobierno como el de Gabriel Boric en Chile. No obstante, la administración recién elegida de Kast Rist ha asumido el poder en esa región del suroeste de Sudamérica; su gobierno se alinea con la búsqueda de recursos y los intereses de seguridad al servicio del imperialismo estadounidense. Dos países más al interior de Centroamérica —Honduras y El Salvador— siguen un patrón similar (por lo general, se considera que América Latina se extiende hacia el norte hasta México, un país que comparte una larga frontera con Estados Unidos). Allí —en el país conocido como el «Pulgarcito de las Américas»— el presidente Nayib Bukele, el «rey de las megacárceles» de El Salvador, ha instaurado una política estatal, o un conjunto de medidas estatales que, con el apoyo de la opinión pública, podrían estar conduciendo, en nombre de la seguridad, a la comisión sistemática de crímenes contra la humanidad, especialmente contra personas jóvenes y periodistas.6

Así, en el marco de un total cierre democrático, se socava la separación de poderes; creyendo que han sido llamados a gobernar como pueblo, los ciudadanos aceptan reformas que erosionan la democracia a cambio de la ilusión de seguridad; sin condenar las políticas que agravan las desigualdades, aprueban medidas que perpetúan un estado de emergencia estructural permanente; institucionalizando así la barbarie: la normalización de las violaciones del derecho a la vida; los países destinados a la anexión son borrados del mapa; todo tipo de crímenes se convierten en algo habitual.7

En este contexto de la disputa pública globalizada, se han acreditado tecno oligarcas que pagan por la intervención política; así, un operador político trasnacional de la batalla ideológica (esta vez descubierto por ordenar un feminicidio), con noticias falsas en redes sociales, de nuevo, y sin escrúpulos, el infame especialista mediático conocido por el mismo modo operandi en las contiendas electorales de los sures, enfoca a Bolivia, hasta llegar a la elección del actual gobierno, representante de los trumpistas allá, el presidente Rodrigo Paz.8

Varixs analistas lo manifiestan: es el terreno mediático el principal terreno político.  En esta óptica han salido a la luz grabaciones de audio que evidencian la intervención del gobierno estadounidense: acciones que implican violaciones de la soberanía e intentos de ejercer control económico y militar. Estas grabaciones revelan un plan para utilizar a Honduras como centro de operaciones desde el cual proyectar una influencia perniciosa, destinada a socavar a los gobiernos que aún no se han plegado a la voluntad de Estados Unidos, específicamente los de Colombia, México y Brasil. El indulto y la liberación de Orlando Hernández —quien había cumplido dos mandatos presidenciales en Honduras antes de ser condenado por narcotráfico— consolidaron una alianza intervencionista interna; el regreso del exrecluso al país aseguró la presidencia para un aliado político, lo que resultó en la proclamación de Nasry Asfura como presidente. 

Estados Unidos tuvo, como en todos los lugares del continente, una prolongada injerencia política en Nicaragua, confirmada por la revelación de fondos destinados, entonces, a fuerzas antisandinistas (opuestas al Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN). En este orden hemisférico, hoy, Keiko Fujimori —heredera del régimen de un padre condenado por masacres perpetradas durante el periodo de ofensiva por acabar el movimiento revolucionario Sendero Luminoso (PCP-SL) y por la infame represión contra el pueblo peruano, asume la presidencia este 2026, tras el encarcelamiento de Pedro Castillo Terrones, el “presidente del pueblo” (quien había surgido de las bases populares).9

Esta trayectoria nos lleva a través de la sierra ecuatoriana hasta el presidente Daniel Noboa, quien —al igual que otros miembros de familias conservadoras y vinculadas al mundo empresarial en la región hispanohablante— mantiene la economía dolarizada del país, cediendo con ello el control geoestratégico y poniendo a su nación al servicio de la internacional reaccionaria. En conjunto, vemos a naciones sudamericanas lideradas por nacionalistas ambiciosos y subordinados al gobierno imperialista (y a su Doctrina Monroe), que se alinean con el movimiento MAGA y con el sionismo defendido por ese otro líder infame de apellido Netanyahu: un hombre que podría ser arrestado por genocidio por orden de la Corte Penal Internacional. El “Perdonavidas”, ha declarado recientemente y de forma abierta que su objetivo explícito es «atacar el cáncer de la izquierda en la región».

Por último, el «Escudo de las Américas» sirve como pretexto perfecto para legitimar la intervención en la región; al convocar a presidentes de naciones afines —o subordinadas—, se legitiman agendas de dominación mediante la retórica y los símbolos de la hegemonía imperial. Al igual que Estados Unidos ocupó Panamá durante nueve años, ahora busca asegurarse el control de los recursos energéticos y minerales estableciendo bases militares operativas, resucitando así, de facto, el «Plan Patriota 2.0» en suelo colombiano. Los gobiernos autoritarios instalan en la región la receta milagrosa donde el estado de excepción se vuelve norma. Con esta gobernanza instalada se suspenden las garantías y los derechos constitucionales, mientras, se condena a quienes cuestionan el régimen; las voces discrepantes y sus estudios críticos del modelo punitivo son vistos como alianza izquierdista internacional. En definitiva, esta «cura milagrosa» se extiende a las comunicaciones (granjas de bots y manipulación de algoritmos, que dictan lo que se dice y lo que se piensa). Mientras se muestran constantemente imágenes de hombres fuertemente armados, se profieren amenazas de muerte (todo ello envuelto en alabanzas a un dios castigador); se aprueba el armamento de civiles y se elaboran planes para megacárceles. El control geoestratégico en América Latina, muy lejos de la justicia social, conduce a la adopción de medidas que permiten la concentración de esta forma extrema de poder estatal. Mediante acciones simbólicas similares —y paradójicamente, mientras afirman defender la libertad y se autodenominan libertarios— justifican, en sus discursos públicos (pronunciados con grandilocuencia), la vulneración de los derechos de muchas personas en nombre de la seguridad y la restricción de la libertad de expresión. Con el autoritarismo como telón de fondo —un escenario en el que «el orangután se despoja de la levita»—, «tigres» y «leones» (en referencia a los presidentes electos y autoproclamados de Colombia y Argentina, entre otros, moldeados bajo la hegemonía imperial) se vuelven contra sus propios pueblos; además, blandiendo una bandera vacía de contenido, se apropian de símbolos patrios y se autoproclaman «reyes de la selva», «el tigre» y «el león» (animales con características muy distintas a las de las cucarachas10), respectivamente -en el caso del hombre recién proclamado presidente electo en Colombia, de apellido De la Espriella (“firme por la patria”, o “por la plata”), quien, sin un programa que atienda a las necesidades sociales, emula y quiere ser copia del mandatario de los recortes en la economía el -lacayo- presidente Javier Milei, en Argentina (La Base, AmérLat., 2026, julio 16), quien está entregando la Patagonia al imperialismo yanqui-sionista.11

La impactante narrativa de terrorismo propagada por el imperio —que busca legitimar intervenciones políticas en naciones sudamericanas y en todo el mundo, tales como el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y el atentado con explosivos contra su equipo de seguridad el 3 de enero de 2026— emplea un discurso que aparenta apoyar transiciones democráticas en los países objetivo. En consecuencia, aun cuando se socavan cada vez más las perspectivas de gobernabilidad en el sur del continente, las comunidades inmersas en procesos de descolonización llevan a cabo actos de «reexistencia» como respuesta directa a los intentos de subyugarlas. Durante una etapa anterior, caracterizada por una retórica centrada en la autodeterminación y la soberanía en Venezuela, se fortaleció la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). Esa época también vio la creación de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños), un bloque integrado por unas treinta naciones, exceptuando a Canadá y Estados Unidos.

Hoy en día, las comunidades que habitan la vasta región afro-Abya Yala encabezan iniciativas económicas alternativas; estas involucran a naciones como Brasil y a alianzas como los BRICS (que incluye a Sudáfrica, a sus dos décadas, con Irán, Egipto, Etiopía, Indonesia, India y Emiratos Árabes, llama la atención acerca de América Latina como zona de no intervención y de paz), todo ello mientras navega la era del cambio climático y hacen frente al Norte Global. Se fortalecen ante medidas como los aumentos arbitrarios de aranceles y las intervenciones en aguas internacionales, al tiempo que forjan alianzas para contrarrestar narrativas diseñadas para embaucar a gobiernos como el de México; esta alianza sudamericana respalda a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo mientras ella continúa recibiendo con los brazos abiertos a sus compatriotas deportados desde Estados Unidos.

En todo caso, persisten las reexistencias ancestrales. Confiamos en las impugnaciones que nuestrxs lideres hacen a esos representantes de los negociados estratégicos. En 2026, de cara a la vuelta del crimen organizado y la continuidad del colonialismo, recordamos la movilización de una mayoría de jóvenes que llevó a la presidencia y legitimó el mandato de Gustavo Petro Urrego, quien enaltece la figura del mítico jaguar (en nuestra historia republicana, el único gobierno progresista, de izquierda) en la historia colombiana.

Colombia: arcoíris, selva y ríos voladores; un paraíso ornitológico

En la sociedad colombiana actual, consolidados derechos se ven amenazados: los derechos laborales, el derecho a la educación pública universal, el derecho a la protesta y a la manifestación pública, el derecho a la propiedad de la tierra para el cultivo de alimentos, entre otros. En los sectores de la clase trabajadora —y en medio de una lucha que surge frente al statu quo normalizado—, la gente vuelve a contar aquella vieja fábula sobre votar por el insecticida: no solo murieron las cucarachas; también perecieron las hormigas, los ciempiés y las lombrices de tierra (…), así como los canarios y los colibríes, las palomas y las mariposas.12

A lo largo de nuestra historia republicana —en medio de esfuerzos por desenmascarar la guarida letal del establishment y los abusos de una fuerza de seguridad instruida en la criminalidad y en la doctrina del «enemigo interno», y comandada por quienes defienden intereses alineados con las doctrinas impuestas por clanes criminales que ejercen el poder tanto a nivel nacional como internacional—, y dada la hegemonía de un marco jurídico arraigado en la construcción abstracta del Estado-nación, hemos sido testigos de cómo el marketing político (que se vale de un público desinformado, redes de cuentas falsas, un Consejo Nacional Electoral politizado, grandes medios de comunicación al servicio de intereses capitalistas e inteligencia artificial) ha dejado a un sector de la población —acorralado por el desconocimiento de sus propios derechos— en una situación de mera supervivencia; todo ello mientras siguen ausentes las garantías para los diversos actores que participan en el proceso político democrático. Hemos sido testigos de quienes expresan la opinión de que constituyen una mayoría de la ciudadanía que no se siente representada por los cuestionables procesos supervisados ​​por la Registraduría Nacional del Estado Civil. Somos conscientes de nuestra indefensión frente a instituciones que han sido cooptadas —como el Consejo de Estado, el Consejo Nacional Electoral y los tribunales de justicia—, organismos que fueron creados, naturalmente, para proteger a la sociedad civil.

Tras una pausa para hacer balance —avanzando hacia el respeto, la defensa de la vida, la dignidad y la justicia— y tras hallar esperanza en la capacidad de proteger el territorio amazónico (los pulmones del planeta), de lograr la implementación del reconocimiento jurídico de los ríos como sujetos de derechos y de salvaguardar montañas, manglares y páramos; tras priorizar la atención a la primera infancia —garantizando una nutrición adecuada para el desarrollo emocional, físico y espiritual, así como la educación musical—, mantenemos nuestro compromiso de defender la continuidad de un buque hospital diseñado para brindar atención médica preventiva a lo largo de la costa del Pacífico colombiano, entre otras medidas del “Gobierno del Cambio”. Asimismo, mientras defendemos la posibilidad de que haya una juventud con pleno derecho a la educación superior gratuita y a la libertad de desarrollar su potencial individual —respaldada por el compromiso de fomentar sus actividades culturales y artísticas y asegurar el pleno ejercicio de la ciudadanía— y mientras luchamos simultáneamente por el trabajo digno, el saneamiento universal y las pensiones para los adultos mayores, así como por la implementación del programa de “Paz Total”, que quedó inconcluso, reiteramos que este plan de convivencia pacífica es fundamental. De hecho, se trata de la iniciativa gubernamental más controvertida; sin embargo, en cumplimiento de la Constitución Nacional —específicamente del artículo 22, que consagra la paz como un derecho, y de la obligación constitucional de honrar el Acuerdo Final de Paz de 2016 y su normativa complementaria, esta iniciativa ha trazado una ruta hacia el desmantelamiento gradual de las causas estructurales del conflicto armado en los territorios. En esencia, este programa de paz conlleva —tal como lo concibió la administración del expresidente Petro— articular alternativas que requieren la implementación de modelos económicos diversos y legales.

Hoy nos enfrentamos a los herederos de la farsa de la representación —una mafia—, monopolistas multimillonarios, capaces de tomarse el palacio presidencial (la sede física y administrativa del gobierno del país). El 6 de julio de 2026, ante pruebas contundentes de fraude electoral, el presidente saliente, Gustavo Petro, se dirige al pueblo, al país y al mundo: «(…) No solo nos enfrentamos a la inminencia del fascismo en Colombia, sino tal vez al mayor ataque contra la democracia global desde la época de Hitler».13

En medio del espectáculo —el humo— y de los incendios provocados en las zonas de reserva campesina, en las áreas protegidas destinadas a la producción alimentaria y en los terrenos en los que se han presentado solicitudes de licencias mineras, advertimos sobre el peligro inherente de justificar injusticias generalizadas; específicamente la violación del derecho a la vida por parte de quienes ejercen cargos públicos. Declaran abiertamente su intención de extraer recursos hasta el límite absoluto, inicialmente durante los próximos cuatro años. Nos enfrentamos al riesgo de operaciones de *fracking* y conflictos derivados de priorizar un lucro desenfrenado —mediante la extracción de petróleo, oro y gas, así como la exploración de yacimientos de tierras raras, coltán e hidrógeno—; todo ello mientras se envenena a los organismos vivos (al eludir permisos ambientales, restringir las consultas previas y tomar el control de territorios de frontera como Putumayo, Catatumbo y Urabá). Más allá de la amenaza de empobrecimiento individual y colectivo y del riesgo de mayores daños, tememos el peligro del desplazamiento forzado y la violencia de género —que evocan la época de auge del paramilitarismo—, así como la consiguiente ruptura de los vínculos comunitarios. En última instancia, al observar nuestra realidad actual —treinta y cinco años después de la adopción de la Constitución Política y en el marco del Estado Social de Derecho colombiano (ESD)—, vemos que una retórica de odio dirigida contra cualquier forma de disidencia, ya sea en zonas rurales o urbanas, amenaza con hacer retroceder al país.14

En un panorama definido por el despojo y el arraigo de una narrativa autoritaria, cobran fuerza los discursos que validan el desmantelamiento de la democracia. Si bien percibimos cierto automatismo en el uso de la palabra «democracia», asistimos simultáneamente a una proliferación excesiva de términos asociados a ella.

En Río Pance, Cali (2021, febrero 18). Conceptualizando la obra *Trinch…eras de agua-cero*. Primo hermano de *Trinch…eras de agua-cate*. Foto de Sofía Drada Garzón

Reexistencias: interdependencia total arraigada en movilizaciones por el cuidado de la vida y la garantía de derechos

Seguimos definiéndonos como humanidad, como región y como sociedades del Sur Global. Vivimos en un estado de interdependencia mutua, pues formamos parte de la propia naturaleza. Por último, al mirar hacia los desafíos que nos aguardan —y hacia los procesos y trayectorias de colonización en curso—, debemos preguntarnos: ¿dónde queda la justicia social? ¿Qué hay de la noción de que «solo el pueblo salva al pueblo», actualmente en esta era de cambio climático?

El tejido de luchas lleva, asimismo, a reconocer su complementariedad con luchas adelantadas en otros territorios, a nivel nacional e internacional, y reconocer situaciones que son muy similares en sociedades que se nombran “postcoloniales”, pero que siguen soportando los lastres del colonialismo (Palacios Córdoba, 2023, p. 246).

No nos alineamos con la política de la muerte; rechazamos los juicios expresados ​​en términos que deshumanizan a quienes sostienen posturas opuestas en un debate que debería ser, precisamente, democrático. Muchos de los cegados por la fe (particularmente el evangelismo conservador) dividen el mundo en buenos y malos; de tal manera, se devalúan las condiciones de vida de vastos sectores sociales empobrecidos. Sin embargo, guiados por nuestros antepasados, seguimos explorando formas de cuidar todas las formas de vida y compartimos la aspiración de dar contenido real a los principios democráticos. 

En estos tiempos —ante el resurgimiento de movimientos de extrema derecha que atropellan todos los derechos— vivimos en un estado de lucha continua y de «resistencia legendaria» (muy parecida a la que se atribuye a las cucarachas; a propósito de la resiliencia de las multitudes que luchan: “las revueltas juveniles y la política de la posibilidad”). Al igual que en otras regiones del mundo, los jóvenes han dado ejemplo de una protesta organizada y contundente, así como de una importante movilización cívica, esforzándose por fortalecer un proceso de autogestión por, con y para el pueblo, en defensa del agua sinónimo de la vida.15

Elba Mercedes Palacios Córdoba ha sido *comadre*, tía abuela, activista, académica y pensadora utópica. Al confrontar un modelo colonial que normaliza prácticas y discursos de inequidad, ha sacado a la luz memorias vinculadas al agua; mediante actos de reexistencia —y desde el espacio privilegiado del teatro— visibiliza así las vivencias de otras *munac* (mujeres negras/afrodescendientes de Cali).


  1. Los idas y vueltas hacia y desde Abya Yala nos invitan a *sentir-pensar*. En este lugar de experiencia afrodiaspórica (“De donde vengo yo”), evocamos términos menos conocidos como el *muntu* africano, la filosofía de *Ubuntu* y los conceptos de “buen vivir” y territorio. Nos basamos en la dimensión epistémica de *Pachamama*, presente entre los pueblos indígenas de América, y en la perspectiva crítica de la “invención del desarrollo” (en referencia al “Tercer Mundo”), entre otros, para fomentar una forma de pensar arraigada en *Ladino Améfrica*: Abya Yala/Afro/Latinoamérica (término utilizado por Arturo Escobar Velásquez para referirse a estas ontologías alternativas). Al implementar una ontología política, Sentir-pensar con la tierra, Escobar Velásquez (2014) resalta la importancia y la relevancia contemporánea de conceptualizaciones, cosmovisiones y ontologías alternativas que reflejan lo que se recrea y perdura dentro de la diáspora. (Parte de esta nota inicial proviene de un texto anterior de Palacios Córdoba, 2023: *Sentipensar la paz en Colombia: Caminos y voces pacíficas de mujeres negras afrodescendientes. Vivencias de (en)Cimarronaje).

    ↩︎
  2. Me gustaría acercarme a la definición del término *comadres* que, al parecer, no tiene una traducción directa al inglés. En nuestra región, se refiere a quienes comparten la experiencia de la maternidad: de madre a madre, por así decirlo. Somos *comadres*: nosotras, las mujeres que compartimos vicisitudes en los procesos de crianza de niños y jóvenes. ↩︎
  3. Palacios Córdoba, E.M. (2023a). “Reexistencias”. En Problemáticas étnicas y sociales desde el pensamiento latinoamericano. Temas, conceptos, enfoques. Devés, E.; Kozel, A.; Rawkz D. (Eds.). Adriadna Ediciones. Pp.243-248 https://doi.org/10.26448/ae9789566095897.70 ↩︎
  4. Nosotrxs… y ellxs: Con «nosotrxs» me refiero a quienes reconocemos que, históricamente, hemos sido deshumanizadxs, en aras de objetivos movidos por la codicia. Muchxs de ascendencia de familias ribereñas, somos, en su mayoría, personas provenientes de comunidades que han sido vulneradas; sin embargo, defendemos un proyecto político que se opone a las ideas de la extrema derecha y de sus representantes en el país. Nosotrxs somos defensorxs de los ríos, de las montañas y de la Pacha mama; defendemos la vida toda. No obstante, sentirme representada, al deliberar aquí, no represento a esos colectivos diversos.
    Somos, precisamente, madres -cabeza de familia-, personas mayores, jóvenes e individuos de comunidades empobrecidas y racializadas en las ciudades colombianas; somos trabajadores rurales, estudiantes y miembros de la comunidad LGBTQI+; somos paisanxs (compartimos paisajes) y pertenecemos a diversos colectivos y al movimiento de base —a los barrios y comunas de la ciudad—; soy una persona, parte del «proyecto progresista»: los más de trece millones de votantes colombianos que, en junio de 2026, respaldamos la plataforma política de un «gobierno por la vida» propuesta por el Pacto Histórico (Ver nota a pie 12).
    En el contexto geopolítico de un año marcado tanto por las elecciones como por la toma de posesión presidencial, reflexionamos sobre nuestra cercanía geográfica y nuestros vínculos profundos con —entre otras cosas— el entramado político fujimorista (aquel hombre que ostentaba la ciudadanía japonesa además de la peruana; esa figura infame, finalmente condenada por el sistema judicial de Perú, y que también caminó entre los muertos). Nos percatamos, asimismo, de los hilos que nos unen, como pueblos, a nuestros países vecinos (México y Brasil enfrentan actualmente el auge de la extrema derecha, así como el financiamiento masivo de sus redes y ecosistemas digitales). Hemos dejado claro, tanto en las calles como en las urnas, que buscamos justicia y que valoramos una vida definida por la equidad y la paz.

    ↩︎
  5. Durante la época de las primeras luchas por la independencia, Haití se erigió como un ejemplo de emancipación frente al colonialismo europeo. En un acto de desafío, su ejército libertador declaró su autonomía respecto a Francia. Ante la perspectiva de la existencia soberana de la entidad política conocida como Gran Colombia —y la consiguiente posibilidad de la liberación total de las poblaciones esclavizadas, tanto dentro como fuera de las fronteras de la recién establecida República de Haití—, el ejército de la isla liberada condicionó su ayuda militar a Simón Bolívar (el primer presidente de Colombia). Hoy, Haití no es la única nación que sufre un bloqueo económico; Cuba y Venezuela corren la misma suerte.

    Haití. El legado de la EXPLOTACIÓN francesa y estadunidense… (2023, octubre 5). Top de impacto. https://youtu.be/RX-9ZToh7Tw
    Catástrofe como excusa para intervenir un país: Venezuela en el espejo de Haití/ Inna Afinogenova. (2026, julio 6). https://youtu.be/JO6f9KnMhsU

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  6. Informe Estado de Excepción y Derechos Humanos en El Salvador (2024, 28 de junio). Comisión Interamericana de derechos humanos.
    El informe elaborado por un grupo internacional de expertos y respaldado por organizaciones como la organización para el debido proceso, la federación internacional por los derechos humanos y la comisión internacional de juristas da cuenta de un conjunto de políticas que ha derivado en violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos (patrón coherente planificado y sostenido de acción estatal que podría constituir crímenes de lesa humanidad).
    De tal manera, ante un informe de expertos acerca de detenciones ilegales de personas sin antecedentes, con sus derechos violados, muchos inocentes arrestados solo por “apariencia sospecha”, por ejemplo, se presenta a la audiencia del país y del mundo, un gobierno con una estrategia comunicativa que tergiversa y señala a quienes nombra propagadores de un cierto populismo (deslegitima a quienes investigan, nombrándolos como que son los “despachos legales de los delincuentes”), refiriendo despectivamente sus estudios documentados, diciendo que desde la perspectiva de amnistía internacional se quiere liberar a quienes siembran y agencian el terrorismo.

    ↩︎
  7. Parafraseando a quienes hacen contenido crítico acerca de las realidades en la región del Sur de América y la amenaza del norte global con sus políticas de muerte, mediante un modelo de imposición internacional reaccionaria, se venden los intereses del país a los Estados unidos.
    Audiovisualizar: Canal Red. La Base Latinoamérica. “El Salvador y el laboratorio latinoamericano: crímenes de lesa humanidad de Bukele” (2026. 23 de marzo). [Video] YouTube. https://youtu.be/Y8VJicFagSg
    Bukele: el rey desnudo. Oscar Martínez explica cómo se construye una dictadura (2026, 30 de junio). La voz de los que sobran [Video] YouTube. https://youtu.be/IIE-yh6OIbs

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  8. El presunto feminicida es conocido como Cerimedo, según el testimonio de quien entonces era su novia, la cual estaba embarazada en el momento del intento de asesinato. Él ordena matar a la persona que ahora está revelando lo que sabía sobre la labor de este operador político y su participación en todo el entramado de fraude y colapso de la democracia. ↩︎
  9. En lo que respecta al recién elegido presidente de Colombia (cuya nacionalidad estadounidense es bien conocida), analizamos los paralelismos con el sistema político al estilo Fujimori, que ha persistido desde la década de los noventa hasta la actualidad y que ha llevado a la elección de Keiko Fujimori. La presidenta electa de Perú es conocida por su padre, Alberto Fujimori, el dictador condenado por crímenes contra la humanidad, a pesar de haber huido a Japón, donde era ciudadano naturalizado en aquel momento. ↩︎
  10. Es bien sabido que la cucaracha es una criatura repulsiva —que inspira horror en casi todas las culturas y aparece donde proliferan las plagas—; sin embargo, paradójicamente, a diferencia del león o el tigre, la palabra que la refiere se escucha más comúnmente en plural. ↩︎
  11. Aunque con gobiernos anteriores a Petro, ya se decía de la proliferación de carne de caballo consumida por la gente más empobrecida, en 2026 muchas personas en Colombia se sorprenden -y aterran- de que en Argentina muchxs estén comiendo carne de burro. ↩︎
  12. Desde mi perspectiva actual, trabajo en una reflexión más amplia —fruto de más de una década de investigación que culminó en un libro— en torno a «sentipensar» la paz en Colombia.  En este proceso, sigo la trayectoria de la lucha significativa de la diáspora africana, y doy testimonio de las reiteradas vulneraciones a la vida en territorios en disputa, a través de crónicas entrelazadas de las vivencias de mujeres racializadas: supervivientes en Cali, una zona urbana del Sur Global. Pongo el acento en la tarea ↩︎
  13. El 7 de agosto de 2026 se consuma el fraude electoral en Colombia y nos encontramos en «el peor de todos los mundos»: el presidente electo —ilegítimo— asume el cargo; un escenario que, con instituciones al servicio de la ciudadanía, habríamos podido prever. ↩︎
  14. El recién inaugurado gobierno nacional de Colombia reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sahara y también hace reconocimiento de que los Altos del Golán sirios son territorio israelí. Además, en el momento más crítico tras el terremoto, el gobierno central anunció la llegada de «rescatistas» procedentes de naciones aliadas en su cruzada «antiterrorista». ↩︎
  15. Desde esta óptica de reexistencias de los pueblos en luchas históricas, en otra región del mundo, resulta clave el texto titulado *Rebeliones juveniles y la política de lo posible: de la ira y la resistencia a imaginar futuros alternativos. Tal como señala su autor, Ashish Kothari, este artículo es de especial interés porque analiza protestas juveniles que han conducido —o podrían conducir— a cambios políticos drásticos (como los ocurridos en Nepal o la reciente e innovadora iniciativa del Cockroach Janta Party en la India).
    https://www.meer.com/en/109007-youth-revolts-and-the-politics-of-possibility

    ↩︎

Referencias biblio-web-gráficas

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